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Hace décadas, la extirpación de las amígdalas se hacía de forma sistemática y con la intención de prevenir infecciones crónicas. Los anitbióticos abrieron la puerta a restingir la amigdalectomía sólo cuando fuera estrictamente necesaria. Ahora, el láser da una respuesta salomónica al crecimiento excesivo de este tejido, la reducción de su volumen.

Desde los años 80, las operaciones para quitar las amígdalas se han reducido considerablemente. Ya no se considera un procedimiento preventivo sinó que sólo se recomienda en casos de amigdalitis de repetición (con unos cuatro episodios al año) o en casos de hipertrofia. De hecho, esta última es la causa del 90% de las amigdalectomías.

El Doctor Jordi Coromina utiliza la tecnología más puntera, el láser, para reducir el tamaño de las amígdalas. Eso sí, deja entr un 10 y un 15% del tejido para que sigan generando defensas para el cuerpo. Esta técnica aporta muchas otras ventajas, minimiza el sangrado durante la intervención y el daño quirúrgico y el paciente puede volver a casa el mismo día.